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Mostrando las entradas etiquetadas como Literatura

Mirar sin ver

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Por quinta vez aquella mañana, el programa de gestión con el que trabajaba a diario le había vuelto a dejar colgado. Se consideraba una persona eficiente y resolutiva, hasta el punto de olvidarse por completo de sí mismo. Metódico de manual, Vicente trataba de cumplir con sus obligaciones lo mejor que sabía, sin cuestionarte si su método sería o no el más óptimo, porque no le gustaban los atajos ni tampoco hacerse trampas al solitario. No soportaba las personas que se escaqueaban constantemente de sus tareas, porque para él el tiempo era oro y odiaba perderlo. Por eso aquella mañana se sentía al borde de un ataque de nervios y, para sorpresa de sus compañeros, estalló contra la pantalla de su ordenador. -   ¡Si no te pones en marcha ahora mismo, te juro que te reviento contra el suelo! -   Pero Vicente, por Dios, ¿cómo le hablas así a una pobre máquina?- le objetó María, quien tenía la sana costumbre de tomárselo todo a risa. -   No la defiendas...

Dan "el Trompeta"

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Dan no era un pirata al uso, de esos que llevan un parche en un ojo, arrastran una pata de palo y empuñan un garfio en el muñón que les dejó una mano perdida. Tampoco apestaba a salitre ni a ron, sino que se gastaba una fortuna en perfume y en tinte de pelo. Quizá también en maquillaje. Pero sí era el pirata más temido allende los mares. Su corpulencia se hacía notar y temer en cualquier escenario. Siempre vestía elegantes trajes y vistosas corbatas, aunque se movía como un androide con reuma o como aquellas muñecas de Famosa cuando se dirigían al portal de Belén en aquellos anuncios de hace mil años. Imagen encontrada en Pixabay Dan no se manejaba con afilados sables ni con imponentes trabucos. De hecho, ni siquiera había hecho el servicio militar, el muy patriota. Pero tenía la sorprendente habilidad de apuntar a matar con su incontrolable verborrea y siempre acababa haciendo diana y destronando a quien tuviese la osadía de cruzarse en su camino. Su mirada traviesa y sus golpes de...

Un mal augurio

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  El alba aún no había despuntado en el horizonte cuando Pep entró en la taberna del puerto. Su desgastado impermeable y su capucha le habían resguardado de la intensa lluvia y las piedras que alojaba en sus bolsillos le habían permitido mantenerse en pie. Aquella noche no había querido salir a pescar, pero tampoco había podido dormir, pensando en la suerte que habrían corrido sus compañeros. Cuando salieron del puerto el mar estaba en calma, pero a Pep no le convenció el color del cielo. Trató de alertar a los demás, pero se rieron de sus miedos. Las señales que advirtió en el ambiente le recordaron demasiado a las de otra noche de muchos años atrás, cuando siendo apenas un crío acompañó a su padre hasta su barca. Nunca regresó ni tampoco encontraron su cuerpo. Fotografía de un pescador de L'Escala realizada por Josep Esquirol (1874-1931) Cincuenta años después, sentado junto a la ventana, Pep fumaba su pipa en silencio. El humo acariciaba las arrugas de un rostro ceniciento que...

Mi camino no es de pan

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  Nada más acostarse, Amanda supo que aquella noche no iba a pegar ojo. La decisión estaba tomada y sentía que ya no había vuelta atrás, pero aún le costaba convencerse a sí misma de que lo que se disponía a hacer era lo correcto. Se había criado a la sombra del ejemplo que trataba de inculcarle su madre, una mujer abnegada que llevaba toda la vida sacrificándose por los demás y desoyendo las súplicas de sus propias necesidades. La madre de Amanda era la mayor de varios hermanos y nunca se había atrevido a contrariar a su propio padre, un hombre autoritario y profundamente machista para quien el único cometido de una mujer era servir primero al padre, después al marido y por último a sus hijos y nietos. Amanda se miraba de reojo en el espejo de su madre y se horrorizaba al ver la imagen que aparecía. Ella también era la mayor de tres hermanos y la única mujer. Por su condición siempre le tocaba a ella apechugar con las tareas domésticas que la madre le encomendaba, mientras que s...

Que me voy, que no vuelvo

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  Personajes: Juanjo- el marido Aurora- la esposa Jesús- el hijo Marta- la hija Primer acto: En el escenario se recrea una sala de estar con una pareja discutiendo. Aurora: Tanto insistir en que me casara contigo y total, ¿para qué? Juanjo: ¿Cómo que para qué? Pues para estar juntos y hacer nuestra vida, sin tener que darle cuentas a nadie. Aurora: Y ¿a esto lo llamas tú vida? ¿A pasarnos el día trabajando y luego llegar a casa para espachurrarte tú en el sofá y yo seguir trabajando como una idiota? Juanjo: Pues siéntate aquí conmigo y pedimos una pizza para cenar. ¿Qué problema hay? Aurora: Vale, y para que nos laven la ropa llamamos a una lavandería a domicilio y para que nos llene la nevera, llamamos a un reponedor del Mercadona. ¿Tú te estás pitorreando de mí o qué te pasa? Juanjo: ¡Menudos humos te gastas hoy! ¿Acaso te ha bajado la regla? Aurora: Mira, ¡esto sí que no te lo consiento! ¿Sabes qué te digo? Pues que recojo mis cosas y me largo. Aurora sa...

Sueños amarillos

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  Gustavo siempre vestía de azul. Tenía varios trajes, pero todos en diferentes tonalidades de ese color. Sus camisas también eran azules, como su ropa interior e incluso sus zapatos. Su puesto de responsable de recursos humanos le obligaba a mantenerse siempre alerta ante cualquier posible adversidad que pudiese hacer tambalear todo su trabajo. Desde niño siempre se había exigido muchísimo a sí mismo. Se marcaba unas pautas y se obligaba a cumplirlas. Aspiraba a la perfección en todo lo que emprendía y, cuando no alcanzaba sus objetivos, por muchos elogios que recibiese a su alrededor, se indignaba. Cuando se abandonaba al sueño cada noche su cerebro le esperaba como agua de mayo para vengarse de él por no dignarse a darle ni un respiro de aire fresco durante todo el día. Entonces se sucedían antes sus ojos cerrados multitud de imágenes bajo una potente luz amarilla: campos de girasoles, puestas de sol idílicas, palmeras cargadas de plátanos, cientos de canarios revoloteando y pi...

Dándole vueltas a la sopa

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  El día de final de curso, alumnos y padres de alumnos están sentados en un patio de butacas improvisado en la pista de baloncesto del instituto ante un escenario de quita y pon aderezado con una plataforma metálica cubierta por unos cortinajes que suplantan al telón de un teatro. Cuando estos se descorren, aparecen en escena dos personajes sentados a una mesa. Detrás de ellos, un decorado pintado a mano recrea el fondo de una cocina antigua. Los personajes, ataviados con ropas de otra época representan a una madre viuda y a su hijo adolescente. Imagen encontrada en Pixabay - Deja ya de darle vueltas a la sopa, que me estás poniendo de los nervios. - Es que está muy caliente, madre. - Pues te la tomas y punto, que fría no vale nada. - Anoche soñé que iba a un concierto y que unos cantaban algo de una sopa fría y otros gritaban algo así como "no quiero sopa, los guardias son feos". - ¡Menuda estupidez! Los caldos hay que tomarlos calientes, para que nos entonen el cu...

A propósito del tiempo

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  Tras levantarse el telón, en el escenario aparece un ascensor de un edificio señorial de Barcelona. A diferencia de los ascensores actuales, este tiene la particularidad de ser de hierro forjado y cristal, por lo que deja ver desde fuera su interior y las personas que entran en él pueden ver cómo sube o baja por las diferentes plantas. Un señor con aspecto algo descuidado y edad intemporal está a punto de entrar en él cuando un joven que porta una mochila a la espalda le pide que le espere antes de que se cierren las puertas. - Menudo tiempecito, ¿verdad? Suerte que el autobús me ha dejado cerca, porque si no llego empapado. - Qué curiosa la excusa del tiempo. - ¿Cómo dice? - Pues no sé qué tienen los ascensores que cada vez que coincido con alguien dentro de uno, siempre me salen con el tiempo. Como si no hubiese más formas de entablar una conversación insustancial. - Disculpe usted si le he molestado. ¿A qué piso va? - Al tercero. - Pues en algo coincidimos: yo tambi...