La aprendiz de bruja
Sobre la roca saliente que coronaba la cima de la montaña, los ojos de Martina se asomaban al abismo sin pestañear. Allí arriba el tiempo se detenía y todo cobraba otro sentido. Cualquier cosa podía pasar, incluso una bruja volando en su escoba. Al verla rasgando la quietud del cielo, Martina no se movió, porque por un momento, creyó estar soñando. Pero, cuando la bruja aterrizó detrás de ella y le habló, se sintió más despierta de lo que lo había estado en sus doce años de vida. Imagen encontrada en Pixabay - Bonita vista, ¿verdad? - Desde luego que sí. - Pero has tenido que madrugar mucho y subir hasta aquí. Puedo enseñarte a disfrutar el mismo resultado sin tanto esfuerzo. - Gracias, pero a mí me han enseñado que lo que no cuesta no tiene valor. - Ja, ja, ja! Criatura, ¿quién te ha metido esas ideas en la cabeza? - Mi padre. - Pues tu padre se equivoca. No tienes que sufrir para conseguir tus objetivos. Sé que eres especial y que te ves obligada a mentirle a todo el ...