No quiero tu miedo
De pequeño pasó mucho miedo. Quizá porque su madre invirtió todas sus fuerzas en contagiarle su propia debilidad. Obsesiva del orden y la limpieza, nunca se vio capaz de compaginar sus tareas como ama de casa, esposa y madre, con un trabajo fuera del hogar. Dedicada por entero a su marido y a su único hijo, todo su mundo era velar por su seguridad y cumplía su cometido con tal rigor que hacía sentir a los supuestos beneficiarios de su entrega unos perfectos inútiles cuando estaban cerca de ella. Imagen encontrada en Pixabay Diego creció temiéndose incluso a sí mismo, pues los sermones de su madre habían calado tan hondo en su cabeza que llegaba incluso a desconfiar de sus propios pensamientos. En todo lo que hacía sentía la presencia del peligro. Sus lecturas, sus amigos y sus juegos estaban constantemente en el punto de mira de una madre que no le dejaba ni respirar por sí mismo. Tanto le controlaba que sus amigos empezaron a cansarse de todas las excusas que ideaba para justif...