Hasta el fin de los tiempos
Lloraba en silencio, cuando sabía que nadie podía verla, refugiada en los que consideraba sus únicos dominios: aquella cocina a la que el resto de los habitantes de aquella casa sólo acudían para atracar una nevera que ellos nunca se preocupaban de llenar. Para eso ya estaba ella, igual que para velar por todos, aunque pareciera invisible ante sus ojos. Delante de ella nadie se atrevía a sacar el tema que la absorbía por completo, por miedo a importunarla y ella les despreciaba a todos precisamente por eso: por haber decidido pasar página y olvidarse de su hermano preso. Aquella mujer no necesitaba preguntarse qué habría hecho Manuel para seguir queriéndole y esperándole. Imagen creada con ChatGTP No se llamaba Agustina, pero hubiera podido enfrentarse a cien cañones apuntándola por defender a Manuel. Tampoco la habían bautizado como María Magdalena, pero habría consentido seguirle hasta el fin de los tiempos. Humilde como su madre y su abuela, Belén se había forjado en los pri...