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Dos alas para volar

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  Nació en una familia en la que parecía que las mujeres eran quienes llevaban la voz cantante, pero eso solo pasaba de puertas para adentro, cuando no había hombres a su alrededor que las intimidaran con sus muestras de machismo enfermizo. Amanda creció en un ambiente marcado por la tradición y por el silencio. Su madre había nacido después de la guerra civil española y la habían educado en el miedo a casi todo, un miedo que no dudó en inocularle a su hija. La madre de Amanda no podía soportar que le hiciera preguntas que ella consideraba "comprometidas" porque estaba convencida de que las paredes escuchaban. En cualquier momento podían llamar a la puerta y llevárselas a ambas de la misma forma que su madre le explicaba que se habían llevado a tantos otros a dar unos paseíllos nocturnos de los que nunca regresaban. Imagen creada con ChatGTP Pero Amanda no renunciaba a su necesidad de indagar y de saber. Sus interrogantes se iban incrementando cada día que pasaba y no acep...

Un dia bonic

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  Hi ha dies que costen de passar, bé perquè semblen predisposats a encadenar problemes o perquè es fan d'allò més llargs i avorrits. Però n'hi ha d'altres que ens fan fluir amb cadascun dels seus minuts, despertant-nos emocions que crèiem adormides. Ahir va ser un d'aquests dies, gràcies a les PERSONES que em van acompanyar en la primera presentació de la meva novel.la Arribaren per mar a la biblioteca Fages de Clliment de Figueres. Especialment vull agrair a la meva parella, en Jordi, qui no només m'acompanya sempre, sinó que a més, està pendent de tot el que pugui necessitar. No sé pas què faria sense ell. Va ser un regal veure que les dues primeres persones que van arribar fossin la meva mare i la Candi, amb qui tinc una connexió molt especial des de fa quaranta tres anys, els mateixos que té el seu fill, en Julio, a qui vaig cuidar uns mesos de petit mentre ella treballava amb la mare. Poc després van arribar en Ramón y la Mariló. Ell va ser company meu a l...

Arribaren per mar

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  Per a les persones que ens apassiona escriure, rebre una caixa amb els primers exemplars de la nostra novel.la és tan emocionant com quan èrem petits i ens llevàvem ben d'hora el dia de Reis per tal de descobrir què ens havien deixat sota l'arbre. Després de mesos o anys perfilant un munt de personatges i trames, de sobte sentim que han deixat de ser nostres per començar a volar amb les seves pròpies ales i ens queda una sensació de buidor que podria comparar-se a la que experimenten els pares quan els seus fills deixen el niu per aventurar-se pels seus propis camins. Costa tant deixar-los marxar... Aquesta resistència és la que, potser, m'ha fet trigar tants anys a acabar i publicar Arribaren per mar. Va arribar un punt que fins i tot els seus personatges es van cansar d'esperar-me i van fugir esperitats per veure la llum a un altre llibre de relats, Trencadís, que es va publicar al 2024. Volien deixar enrera l'eterna adolescència a la que jo els estava condem...

Lluís Roura, la llum de l'Empordà

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  Ahir al vespre plovia i tot feia pensar que perillaven els actes previstos per donar el tret de sortida a la Festa Major de l'Escala. Aquest any n'era el pregoner una persona ben especial, el pintor Lluís Roura, conegut com "la llum de l'Empordà" pels seus magnífics paisatges de camps florits i natura en essència. Just a l'hora prevista per la seva compareixença al balcó de l'Ajuntament, la pluja ens va donar una treva, però llavors vam haver d'esperar a que fessin la seva actuació de la Street Band Damm-er, que va entusiasmar a grans i petits, amb la seva energia i el seu ritme imparable. La pluja es va cansar d'esperar en Lluís i va tornar a caure sobre el munt de persones que ens havíem aplegat a la plaça de l'església i van començar a obrir-se els paraigües, de tots colors i mides. Va ser bonic de veure, gairebé un instant poètic. La gent es va mantenir dreta, desafiant el mal temps, expectant per escolar el seu pintor més estimat. La p...

Lo que callaba el espejo

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Amelia despertó de repente, sin tener conciencia de haberse dormido la noche anterior, y sintiendo una ligereza inusual en sus miembros. Unos golpes de mazas sobre los marcos que sostenían las puertas del armario empotrado en el que se encontraba reposando la sobresaltaron, pero no tenía dónde esconderse. Los obreros estaban destrozando la puerta y, por los agujeros que iban abriendo en la madera, ella iba perfilando sus rostros y sus cuerpos. No entendía qué hacía encerrada en aquel armario y temía la reacción de aquellos hombres cuando la descubrieran. Para su sorpresa, cuando hubieron despejado el espacio que ocupaba el armario, pasaron junto a ella para recoger los escombros y tuvo la agradable certeza de que no la veían. Recreó sus ojos en observarles trabajando y, pasadas unas horas, cuando dieron por concluida su jornada, les vio recoger sus cosas y abandonar la casa. Solo entonces, Amelia se atrevió a explorar lo que quedaba de la que había sido su casa. Le había costado recon...

Mirar sin ver

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Por quinta vez aquella mañana, el programa de gestión con el que trabajaba a diario le había vuelto a dejar colgado. Se consideraba una persona eficiente y resolutiva, hasta el punto de olvidarse por completo de sí mismo. Metódico de manual, Vicente trataba de cumplir con sus obligaciones lo mejor que sabía, sin cuestionarte si su método sería o no el más óptimo, porque no le gustaban los atajos ni tampoco hacerse trampas al solitario. No soportaba las personas que se escaqueaban constantemente de sus tareas, porque para él el tiempo era oro y odiaba perderlo. Por eso aquella mañana se sentía al borde de un ataque de nervios y, para sorpresa de sus compañeros, estalló contra la pantalla de su ordenador. -   ¡Si no te pones en marcha ahora mismo, te juro que te reviento contra el suelo! -   Pero Vicente, por Dios, ¿cómo le hablas así a una pobre máquina?- le objetó María, quien tenía la sana costumbre de tomárselo todo a risa. -   No la defiendas...

Un barco hecho de estrellas

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  Aprendió de su abuelo a hacer barquitos de papel. Los dedos de él tenían una habilidad especial para doblar las hojas de los periódicos infinidad de veces, hasta reducirlas a una especie de cajita que luego empezaba a abrir, cual rosa desplegando lentamente sus delicados pétalos. Imagen creada con IA por Miguel A.L.M. (Tarkion) Elisa era muy niña, pero también muy testaruda. Cuando le daba por algo, daba la sensación de que no tenía ojos ni paciencia para nada más, aunque su abuelo siempre había sabido cómo impresionarla con pequeñas cosas que estimulaban su creatividad. Ella se concentraba en cada movimiento de aquellos dedos de él, que no parecían dudar nunca, maravillándola con cada despliegue de velas y sueños. Pese a que lo intentó muchas veces, Elisa nunca logró aprender el secreto que guardaban las pajaritas, pero los barcos siempre se le dieron bien. Los hacía de distintos tamaños, colores y texturas. Cualquier papel que caía en sus manos era susceptible de acabar conve...