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Desaparecido en Babia

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  Ernesto iba de camino a casa por el paseo marítimo, igual que había hecho cada día de los últimos quince años, los mismos que llevaba trabajando como administrativo en una empresa de servicios. A diferencia de otros días, aquel viernes se sentía especialmente cansado. Su marcha era lenta y, más que caminar, lo que hacía era arrastrar los pies. No tenía ganas de llegar a casa para vivir otro dejà vu : su mujer discutiendo con los dos hijos que tenían en común, las prisas para llegar al supermercado antes del cierre, la maratón de lavadoras y limpieza general de los sábados por la mañana o la desquiciante comida de todos los domingos con los suegros. Empezaba a estar harto de la vida tan insustancial que llevaba y sabía que tenía que hacer algo, pero siempre postergaba la decisión por miedo a las consecuencias que sus palabras pudiesen desencadenar en su mujer, que era quien siempre había llevado las riendas de todo. Imagen de escultura dedicada a Franz Kafka encontrada en Pixabay ...

¡Esto es un circo!

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  El público parece impaciente por empezar a disfrutar de la función. Algunos han leído las buenas críticas que se han hecho virales en los últimos días en las redes sociales y han animado a otros a unirse a ellos y pasar entre todos un buen rato. El patio de butacas está lleno de gente y se han apagado las luces. Suena una música de fondo que a más de uno le trae recuerdos de muchos sábados por la tarde, cuando se quedaban al cuidado de los abuelos disfrutando de los payasos de la televisión mientras las madres hacían la compra de la semana en el supermercado. Se levanta el telón y, de pronto, se hace la luz. Sobre el escenario aparece el decorado de una oficina con dos mesas equipadas con ordenadores, dos sillas de despacho en las que están sentadas dos chicas. Sus nombres son Esperanza y Mari Fe. Trabajan como selectoras de personal en una empresa de contratación temporal y, en ese momento, están agobiadas porque no encuentran candidatos para cubrir los puestos que tienen vacan...

Presentació de Trencadís

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  Ahir vaig viure una tarda molt especial amb motiu de la presentació de Trencadís a la biblioteca Víctor Català de l'Escala. Trencadís és el meu primer llibre publicat i em feia molta il.lusió poder fer la primera presentació a l'Escala, doncs és la localitat on estan ambientades la majoria de les trames dels nou relats que hi figuren al llibre. Quan es tracta de presentacions de llibres d'autors no coneguts, l'assistència acostuma a ser molt baixa i més fent-se en un dia laborable. Però ahir, tot i que al primer moment semblava que seríem només quatre gats, al final es va animar més gent de l'Escala i vam poder gaudir d'una molt bona estona. Escriure em resulta molt fàcil perquè porto molts anys fent-ho, però la part del marketing és una altra història. Mai no he tingut esperit comercial i això m'acaba passant factura a l'hora d'intentar vendre els meus llibres. No m'agrada fer-me propaganda ni insistir-li a la gent per tal que llegeixin el...

Marilyn

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  La despertó el tono de su móvil y, al incorporarse en la cama, descubrió que su marido no estaba con ella. -  Buenos días, ¿es usted la esposa de Francisco Miralles? -  Sí, soy yo, pero, ¿qué le ha pasado? -  Su marido está en urgencias porque ha sufrido una agresión, pero no reviste gravedad. Al llegar al hospital, la auxiliar que la atendió en la recepción le indicó que dos policías de paisano la estaban esperando en la cafetería. Los agentes le hicieron varias preguntas sobre su marido y enseguida le permitieron verle. Guiada por el médico que atendía a Francisco, llegó al box en el que estaba tumbada una mujer rubia, exageradamente maquillada, que se había negado a que le quitasen el vestido rojo que llevaba. -   Tiene que haber un error. Yo no conozco de nada a esta mujer. ¿Dónde está mi marido? -  Esta mujer es su marido. - ¿Cómo dice? ¡Usted está loco ! El médico se acercó a Francisco y le quitó la peluca. Francisco se defendió: - ...

Si te mata, no es amor.

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  La escena recrea una antigua estación de tren en la que una pareja se está despidiendo. En un almanaque colgado en una de las paredes, se muestran las 30 casillas del mes de septiembre de 1978 en todo su esplendor. Imagen encontrada en Pixabay Personajes: Redouan- un chico marroquí de 22 años que lleva dos años viviendo en Girona, a donde llegó solo, atravesando el estrecho de Gibraltar, buscando una vida mejor. Julia- una chica catalana de 18 años, que se ha enamorado perdidamente de Redouan y a la que su familia ha decidido enviar a estudiar a París. Madre de Julia: Hace lo imposible para separar a su hija de Redouan, por considerarle una pareja muy poco acertada. Redouan: Me iría contigo, pero sabes que no me puedo mover de aquí. Tu padre y tu hermano fueron muy claros: Si no te dejo partir, me denunciarán por cualquier falso delito y no pararán hasta que me expulsen del país. Julia: No serán capaces. Dicen que por la boca muere el pez y que perro ladrador poco morded...

Más allá de la apariencia

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  Personajes: Max Estrella- protagonista de Luces de Bohemia, de Ramón María del Valle Inclán. Ramón María del Valle Inclán- autor de Luces de Bohemia. Ana Ozores- Esposa del Regente de la Audiencia en la obra La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín. Víctor de Quintanar- Regente de la Audiencia en la obra La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín. Cuando se abre el telón aparece un escenario que recrea un velatorio de principios del siglo XX. La estampa es lúgubre y se describe en tonos muy oscuros. El muerto es Max Estrella, un poeta ciego entrado en años, caído en desgracia. Han puesto el féretro encima de la mesa de un salón sobrio iluminado apenas por unas cuantas velas dispuestas en los brazos de un par de candelabros. Muchos bohemios se han acercado a despedirse del poeta, con el que habían compartido noches desangeladas y miseria. En un momento en que todos los presentes abandonan la habitación, Ramón María del Valle Inclán aprovecha para quedarse a solas con el muerto. Ra...

Sueños amarillos

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  Gustavo siempre vestía de azul. Tenía varios trajes, pero todos en diferentes tonalidades de ese color. Sus camisas también eran azules, como su ropa interior e incluso sus zapatos. Su puesto de responsable de recursos humanos le obligaba a mantenerse siempre alerta ante cualquier posible adversidad que pudiese hacer tambalear todo su trabajo. Desde niño siempre se había exigido muchísimo a sí mismo. Se marcaba unas pautas y se obligaba a cumplirlas. Aspiraba a la perfección en todo lo que emprendía y, cuando no alcanzaba sus objetivos, por muchos elogios que recibiese a su alrededor, se indignaba. Cuando se abandonaba al sueño cada noche su cerebro le esperaba como agua de mayo para vengarse de él por no dignarse a darle ni un respiro de aire fresco durante todo el día. Entonces se sucedían antes sus ojos cerrados multitud de imágenes bajo una potente luz amarilla: campos de girasoles, puestas de sol idílicas, palmeras cargadas de plátanos, cientos de canarios revoloteando y pi...