Desaparecido en Babia
Ernesto iba de camino a casa por el paseo marítimo, igual que había hecho cada día de los últimos quince años, los mismos que llevaba trabajando como administrativo en una empresa de servicios. A diferencia de otros días, aquel viernes se sentía especialmente cansado. Su marcha era lenta y, más que caminar, lo que hacía era arrastrar los pies. No tenía ganas de llegar a casa para vivir otro dejà vu : su mujer discutiendo con los dos hijos que tenían en común, las prisas para llegar al supermercado antes del cierre, la maratón de lavadoras y limpieza general de los sábados por la mañana o la desquiciante comida de todos los domingos con los suegros. Empezaba a estar harto de la vida tan insustancial que llevaba y sabía que tenía que hacer algo, pero siempre postergaba la decisión por miedo a las consecuencias que sus palabras pudiesen desencadenar en su mujer, que era quien siempre había llevado las riendas de todo. Imagen de escultura dedicada a Franz Kafka encontrada en Pixabay ...