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Con los pelos a su aire

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  Foto de mi autoría. -   Podrías peinarte antes de salir a la calle - le espetó su hermana mayor cuando la vio aparecer por la cafetería en la que habían quedado. -   No te metas otra vez con mis pelos. Como podría explicarte Quino, por boca de Mafalda, "mis cabellos tienen libertad de expresión".  Las dos hermanas no podían ser más diferentes. Carla, la mayor, era de esas mujeres que no salen a la calle sin maquillar ni sin taconazos ni para ir a la vuelta de la esquina a tirar la basura. Agobiada desde que tuvo uso de razón por lo que pudiesen decir de ella los demás, se acostumbró a vivir ciñéndose a unas rutinas y protocolos que no le permitían dejarse llevar simplemente y disfrutar abiertamente de cada etapa. Todo en ella carecía de naturalidad y, por más que se esforzara, costaba trabajo tomársela en serio, porque daba la impresión que hablaba hasta donde creía que podía hablar y se comprometía lo justo con quienes la rodeaban. Lucía, en cambio, ...

Vivir antes de morir

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Su naturaleza fue enfermiza desde niña, habiendo pasado durante su primer año de vida más tiempo en el hospital que en su casa. Creció entre algodones y pronto comprendió que su fragilidad era una ventaja para ayudarle a conseguir de los demás cuanto se proponía. Con los años, siguió escudándose en su precaria salud para saltarse cualquier responsabilidad y, cada vez que su padre cuestionaba su comportamiento, no tenía ningún escrúpulo en fingir cualquier síntoma para que la llevasen al hospital. Tampoco le importaba someterse a diferentes pruebas si la recompensa era una buena temporada de baja. Todo cambió el día que sus padres murieron. Tenía veintisiete años y nunca había hecho otra cosa que fingir estar enferma. Acudió a su médico, pero este se había jubilado. Ocupando su plaza se encontró a Luis, antiguo compañero de secundaria que la conocía bien. Ella desplegó ante él sus fingimientos, pero él, después de hacerle diferentes pruebas y de estudiar su amplio historial, le espet...

La caja de los valores perdidos

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El abuelo Joan era un viejo cascarrabias y tozudo, que siempre explicaba las mismas batallitas a quien tuviese la paciencia de escucharlo, sin tener miedo de hacerse pesado. Era un hombre que siempre presumía de haberse hecho a sí mismo y de no deberle nada a nadie. Orgulloso y algo prepotente, había educado a tres hijos para que acabasen convirtiéndose en personas que se lo mereciesen todo sólo por el hecho de ser quienes eran. Nunca perdió de vista la pobreza en la que se crió él mismo, ni las privaciones que sufrió de niño y de adolescente. Tuvo un padre débil, que trabajó toda su vida para no llegar a tener nunca nada y una madre con mucho carácter y nula empatía para con sus hijos. Joan era el mayor de cinco hermanos y tuvo que madurar muy deprisa, abandonando la escuela a los 12 años para ponerse a trabajar en una fábrica. Su pobre salario era necesario en su casa para contribuir a la manutención de la familia. Pese a su sacrificio, su madre no perdía ocasión d...

La caixa dels valors perduts

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L’avi Joan era un vell rondinaire i tossut, que sempre explicava les mateixes batalletes a qui tingués la paciència d’escoltar-lo, sense tenir por de fer-se pesat. Era un home que sempre presumia d’haver-se fet ell mateix i de no deure-li res a ningú. Orgullós i una mica prepotent, havia educat tres fills per tal que es convertissin en persones que s’ho mereixessin tot només pel fet de ser qui eren. Mai va oblidar la pobresa en que es va criar ell mateix, ni les mancances que va patir. Va tenir un pare dèbil que va treballar tota la seva vida per no arribar a tenir mai res i una mare amb molt de caràcter i gens d’empatia cap als fills. En Joan era el més gran de cinc germans i va haver de madurar a corre-cuita, deixant l’escola als 12 anys per posar-se a treballar a una fàbrica. El seu pobre salari els calia a casa per contribuir a la manutenció de la família. Malgrat el seu sacrifici, la mare no perdia ocasió de recordar-li que mai arribaría enlloc, perquè no valia re...