Tu reloj de arena detenido
Querido Manuel,
Hoy habrías cumplido sesenta y ocho años de no haberse quedado el tiempo detenido en tu particular reloj de arena cuando acababas de alcanzar los sesenta y seis.
Tantos años esperando para disfrutar de la jubilación y apenas llegaste a rozarla. La vida, a veces, es tan impertinente y depravada que dan ganas de odiarla y despreciarla. ¿Qué le hubiera costado mirar para otro lado y permitirte continuar aquí, haciendo lo que querías junto a los tuyos?
Pero nunca sabemos lo que nos espera a la vuelta de la esquina. Estamos a gusto, disfrutando el momento, riendo, haciendo planes, labrando sueños y, de pronto, la vida nos conduce hasta una frontera que confundimos con un camino más, pero no lo es, porque este no tiene retorno y el paso que nos separa del otro lado es tan insignificante que ni siquiera somos conscientes de haberlo dado.
Tú te fuiste así, de un momento a otro, de madrugada y junto a la puerta de tu casa. Dicen que no sufriste y en ese consuelo nos anclamos para soportar tu ausencia. La muerte siempre es lo peor que nos puede pasar y que, tenemos por seguro, que nos va a acabar pasando a todos. Pero, si pudiésemos elegir cómo morir, quizá muchos preferiríamos hacerlo como lo hiciste tú: Irnos sin haber tenido que sufrir primero una larga y penosa enfermedad, sin habernos sentido conejillos de indias en un montón de salas blancas de hospitales, sin haber perdido el gobierno de nuestro cuerpo o de nuestra mente.
| Imagen creada con Copilot |
Duele pensar en ti y ser consciente de que ya no estás entre nosotros, de que ya no me cruzaré contigo nunca más por el mercado de l'Escala ni por ninguna calle de Roses o Figueres. Eras tan joven aún y te quedaba tanto por vivir...
Siempre tuve, contigo, la impresión de que supiste aprovechar la vida. De adolescente eras mi ídolo porque te veía hacer cosas que no les había visto hacer a tus hermanos mayores. Te gustaba hacer gimnasia en tu casa, peinarte y vestirte como John Travolta y bailar. La música fue muy importante en tu vida. Pero también te gustaba mucho leer. Como tus hermanos, siempre fuiste un gran lector y un autodidacta, pero tú viviste tu juventud en una época de más libertad. Siendo el pequeño de ocho hermanos, tuviste ciertos privilegios que no tuvieron los que te precedieron. Tú pudiste elegir oficio y toda la vida te dedicaste a lo mismo.
Formaste una bonita familia con Pepi y vuestros tres hijos y fuiste abuelo muy joven. Pudiste ver crecer a tus tres nietos y viajar todo lo que quisiste. En ese aspecto, creo que pudiste marcharte muy en paz contigo mismo y con los demás.
Cada 5 de agosto me seguiré acordando de ti. Igual que cada 22 de septiembre y cada 1 de enero. Porque eres parte de la raíz que me sostiene y tu recuerdo me ilumina como un faro, indicándome por dónde seguir cada vez que la tormenta me desorienta en la oscuridad de mi desánimo.
Gracias por ser mi tío y por todo lo que me enseñaste con tu ejemplo.
Te quiero.
Estrella Pisa.
Un precioso homenaje para alguien especial. Por lo que has escrito me parece que el señor tuvo una muerte muy digna y siempre será recordado. Él sigue viviendo en la memoria de la gente que se acuerda de él. Abrazo fuerte.
ResponderEliminarMuchas gracias, Ana.
EliminarUn abrazo enorme.
Hola, Estrella.
ResponderEliminarUn recordatorio y homenaje para tu tío, una persona que te ha acompañado y ha sido un referente para tí.
Un enorme abrazo :-)
Muchas gracias, Miguel.
EliminarMi tío Manuel y yo compartimos la admiración por mi padre, porque a él le hizo un poco de padre también. Mi tío acababa de nacer cuando mi padre empezó a salir con mi madre y le llevaban a todas partes. En aquella época, los hermanos pequeños se utilizaban de carabina para no dejar solos a los novios. Ya de mayor, mi padre le enseñó todo lo que él sabía de electricidad. Siempre se tuvieron ambos mucho cariño y respeto.
Este tipo de recuerdos son lo que nos queda de las personas que se van: momentos compartidos que se nos quedan para siempre.
Un abrazo enorme.