Treinta años

 

El tiempo siempre es relativo y nos acabamos adaptando a él cuando creemos que lo estamos obligando a caber en nuestras costuras y entretelas. ¿Qué pueden ser treinta años en la historia del mundo? Tal vez sólo un suspiro, una mota de polvo o una letra perdida en un abecedario que ya nadie recuerde.

Un día en un recién nacido puede convertirse en una eternidad para esa madre doliente que ya no sabe cómo calmarle por las noches y empieza a estar muy cansada de tener que pedir disculpas todas las mañanas a sus vecinos por las serenatas que se marca su criatura.

Un mes en un bebé puede representar un antes y un después en la conquista de su equilibrio y su movilidad, en la emisión de sus primeras palabras o en la sucesión de puertas y ventanas que se le van abriendo, invitándole a explorar su entorno y sus propias emociones.

Un año en un niño de escuela puede marcar la frontera entre la inocencia más pura y la rebeldía más absoluta de una adolescencia que le despierta todas las dudas del mundo y le enseña que ningún terror nocturno anterior le ha podido dar más miedo que lo que siente ahora.

Para un adulto el transcurrir de los años puede hacerle sentir viejo antes de hora o muy joven, aunque haya acumulado tantas décadas que ya apenas le queden contemporáneos con los que compartir momentos sobre lo humano y lo divino.


Imagen creada con Copilot, inspirada en los Baños Árabes de Girona.


Tú no llegaste a la octava década, pero el tiempo se había cebado contigo, haciéndote sentir muy vieja. Doce embarazos muy seguidos, una guerra civil, cuatro hijos muertos en la más tierna infancia, años de hambre y de penurias en la larga postguerra y maltrato físico y psicológico por parte del hombre que elegiste como tu eterno compañero de vida, te pasaron factura y los intereses fueron tan altos que los pagaste con más dolor y con una agonía demasiado larga.

Hoy hace treinta años que tu luz se apagó. ¿Qué pueden ser treinta años en la historia del mundo?

Tal vez solo un suspiro, una mota de polvo o una letra descubierta en el abecedario de nuestras emociones que nunca dejaremos de recordar.


Te queremos, mi dulce abuela.




Estrella

Comentarios

  1. Hola, Estrella, qué bonito homenaje para tu abuela. Y qué la recuerdes tras tantos años te honra, se nota que hizo mella en ti. Dura vida la que tuvo.
    Un abrazo. 🤗

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Merche.
      Mi abuela fue alguien muy especial. Tenía su carácter, no creas que no. Pero siempre se mostró conciliadora y supo dejar mucha huella. Le encantaba conversar, explicarnos su vida y las novelas que oía en la radio, porque su padre nunca le permitió que fuese a la escuela y no sabía leer ni escribir. Pero supo brillar y deslumbrarnos.

      Un fuerte abrazo.

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